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Todo eso ha cambiado. Bajar al río a rodar se hace cada vez más duro y esta época tampoco ayuda. Ahora el momento más esperado del día es cuando llego a casa tras entrenar y puedo descansar tranquilamente. Ya no hay piques, ya no hay hachazos, ya no hay risas en los entrenamientos... ya no hay grupo, ya no hay nada.
Pero aunque cada vez cueste más hay que seguir entrenando, y más duro si cabe, para lograr el objetivo deseado, ese objetivo que ni yo mismo confío en alcanzar.